jueves, septiembre 21, 2006

"Atep odnuges le noc odadiuc"


El lunes pasado celebró Chile su fiesta nacional. Fue un fin de semana largo que comenzó el viernes y terminó el martes, a trancas y barrancas. Hoy, jueves, me siento casi recuperado. Me he levantado de la cama y hasta he bebido un vaso de leche. Así está el tema. No somos nadie. Un par de cajas de vino, tres barbacoas (asado) y diez o doce cubatas pueden conmigo. Ya se acabaron los tiempos de comidas pantagruélicas y farras interminables. Sólo nos queda la normalidad, ese terreno empinado que cansa y acaba con la voluntad. Recuerdo que antes, después de la farra, existían las mañanas, y con un litro de zumo de manzana (secreto personal), adiós a la resaca. Qué sabía yo de resacas...

Luego está el tema de mi extrema sensibilidad a los THC, que esa es otra. Una pequeña dosis y paff, viaje dimensional. Me he pasado todas las fiestas patrias viajando. Es como esa película de Cheech & Chong, en la que tenían una maría tan potente que la fumabas y te convertías en lagarto. Yo no sé en qué me convierto, habría que preguntarle a mi amigo Alfonso. Y no importa si la maría es buena o mala. Yo quedo ciego igual.

Todo este asunto de mi sensibilidad al THC tiene fácil solución. Sé en lo que estás pensando, pero no sería una buena idea. El THC es, de alguna manera, necesario. Así que he pensado en escribirme algo así como "cuidado con el segundo peta" en la frente, con tinta indeleble. Así, cuando vaya al baño, a refrescarme todo el asunto y tal, podré leerlo cuando me mire en el espejo. Claro que tendré que escribirlo al revés, como en las ambulancias.

viernes, septiembre 08, 2006

El vaquero, la chica y el conejo


Anoche fui al cine. No quería ver nada en especial. Simplemente me acerqué al Showcase Cinema Parque Arauco. Quería ver si habían estrenado ya Volver. Mi madre quiere verla.

Estaba mirando la cartelera cuando le vi. Al principio no le di más importancia. Seguí mirando la cartelera y a la chica de las palomitas. Pero al poco tiempo terminé procesando la información y me di cuenta de que era el chaval triste de esa película de vaqueros. Acompañado de un enorme y horrible conejo. Compré una entrada y unas palomitas y les seguí. Iban a ver Batalla en el cielo.

La sala estaba vacía y hacía un frío horrible. Un chica se sentaba sola en la sala. El conejo se sentó a un lado y el vaquero al otro. Yo tenía miedo y frío, y las palomitas empezaban a saltar del cubo. Tenían más miedo que yo.

Empezó la película y me sentí estúpido de pie, tan asustado. Me senté en la última fila, apenas mirando la pantalla, más pendiente del conejo, del vaquero y de la chica. Ella no parecía preocupada, aunque lo más que podía ver era el vaho que salía de sus bocas, al cruzarse con la luz que proyectaba la película. Recordé el Cine Covadonga, donde todos fumábamos, y cómo terminó quemándose.

Poco a poco la película fue abriendose paso y el conejo y el vaquero y la chica e incluso el frío se escondieron y una niña preciosa, con el improbable nombre de Amapola me miró desde la pantalla. Metí la mano en el cubo y saqué una palomita en forma de conejo. Al terminar la película ya no estaban allí. Salí corriendo y preguntando a todo el mundo por el conejo y la chica y el vaquero.

Al llegar a casa mamá me preguntó si estaba "Volver" en la cartelera. "No", le dije. "Pero deberías ir a ver "Batalla en el Cielo"".

miércoles, septiembre 06, 2006

En una galaxia muy, muy lejana...


¡Vaya pedos me cojo! Debería darme vergüenza. Aquí teneis la prueba del delito. Darth Vader no me dejó entrar en su garito. En la foto no se ve bien, pero el que tiene detrás estaba todo el rato, "no, no... usted no entra.. no, no" así como con voz de pito. Y Darth Vader, "Tu colega no puede entrar, pero tú, princesa, si me chupas el dedo..." Pero Leia es una princesa, y no se lo chupó. No, no.

Porque se llama Leia, me la encontre en un bar de Bellavista, el "Tatooine". ¿A que mola su peinado? Me contó una historia chunguísima, se mezcla con gente muy rara. Tiene rollos con su hermano y un robot y... Yo creo que en el fondo le mola el Darth Vader, el de la puerta. Creo que le recuerda a su padre.

Al final, como estaba explicando, me cojo unos pedos que no pueden ser. No pasó nada. Se cabreó conmigo y se fué con un tal Han, que estaba sólo. Y la tenía hecha.

No sé cómo, llegué a casa y me quedé dormido. Soñe que el de la puerta se quitaba la máscara y era mi padre, que me decía: "Rorro, soy tu padre". Y yo le respondía, "vaya pedo, papa...vaya pedo" y todo se desvanecía en las sombras...