"Atep odnuges le noc odadiuc"

El lunes pasado celebró Chile su fiesta nacional. Fue un fin de semana largo que comenzó el viernes y terminó el martes, a trancas y barrancas. Hoy, jueves, me siento casi recuperado. Me he levantado de la cama y hasta he bebido un vaso de leche. Así está el tema. No somos nadie. Un par de cajas de vino, tres barbacoas (asado) y diez o doce cubatas pueden conmigo. Ya se acabaron los tiempos de comidas pantagruélicas y farras interminables. Sólo nos queda la normalidad, ese terreno empinado que cansa y acaba con la voluntad. Recuerdo que antes, después de la farra, existían las mañanas, y con un litro de zumo de manzana (secreto personal), adiós a la resaca. Qué sabía yo de resacas...
Luego está el tema de mi extrema sensibilidad a los THC, que esa es otra. Una pequeña dosis y paff, viaje dimensional. Me he pasado todas las fiestas patrias viajando. Es como esa película de Cheech & Chong, en la que tenían una maría tan potente que la fumabas y te convertías en lagarto. Yo no sé en qué me convierto, habría que preguntarle a mi amigo Alfonso. Y no importa si la maría es buena o mala. Yo quedo ciego igual.
Todo este asunto de mi sensibilidad al THC tiene fácil solución. Sé en lo que estás pensando, pero no sería una buena idea. El THC es, de alguna manera, necesario. Así que he pensado en escribirme algo así como "cuidado con el segundo peta" en la frente, con tinta indeleble. Así, cuando vaya al baño, a refrescarme todo el asunto y tal, podré leerlo cuando me mire en el espejo. Claro que tendré que escribirlo al revés, como en las ambulancias.




